El movimiento Scout tiene más de 100 años de antigüedad y está muy ligado a la educación en valores a través de la acción, es decir, a través de actividades y juegos. Con de las vivencias que se experimentan, los campamentos y las actividades en la naturaleza, los jóvenes adquieren valores como el trabajo en equipo y el respeto a los demás, y despierta en ellos un espíritu de participación y de sentido crítico con su entorno.
Los niños y jóvenes acuden a divertirse, a jugar y a conocer gente nueva, y al mismo tiempo crecen como personas y adquieren valores. Ellos se lo pasan genial, y progresan como personas. Se comprometen a vivir siguiendo ciertos valores y hábitos buenos para ellos y para su entorno, como el respeto a la naturaleza, la no discriminación, la austeridad o la empatía, y ellos mismos se comprometen a mejorar las actitudes o comportamientos en los que ven que flaquean. Todo esto de una manera dinámica, divirtiendose y siempre haciendo actividades de todo tipo.
Se trata de un movimiento de voluntarios, y los monitores y educadores encargados de los jóvenes no reciben nada a cambio de su trabajo con ellos, sólo la satisfacción de estar educando a esos jóvenes para que el día de mañana sean personas críticas y comprometidas con su sociedad, con energía y ganas para cambiar el mundo.
Se trata pues, de un movimiento muy enérgico y extendido, y con unas finalidades muy beneficiosas para la sociedad, además formar parte de él es muy sencillo. Es una forma de educar en el tiempo libre, es tiempo libre con una finalidad.
Ser Scout es educarse
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